En Cádiz, son de uso común los actos de comensalismo asociados a muchos de los rituales y celebraciones que tienen lugar en la ciudad, a lo largo del ciclo festivo anual. Pero sin lugar a dudas la fiesta que cuenta con un mayor número de ellas es el carnaval. La «pestiñá» es el ritual gastronómico que se encarga de despedir la Navidad y preparar el inicio de los carnavales y tiene lugar el sábado anterior al comienzo del Concurso de Agrupaciones del Gran Teatro Falla.
La peña flamenca Juanito Villar, organizó su primera «Pestiñá popular flamenca» en los últimos años de la década de los 70 ó principios de los 80 del siglo XX. Durante su «pestiñá», que por lo general suele tener lugar en la mañana del domingo anterior a la celebración de las fiestas navideñas propiamente dichas, es decir al 24 de diciembre, la peña invita a pestiños y anís a todos los asistentes y la jornada se ameniza con la actuación de un grupo de villancicos flamencos.
La elaboración de los pestiños corre a cargo de los propios socios de la peña y son ellos también los encargados de todos los preparativos, así como de la organización de la fiesta. La elaboración artesanal y comunal de los mencionados dulces navideños es un rasgo que los diferencia de las demás «pestiñadas». El hecho de ir a comprar la materia prima necesaria para la elaboración de los pestiños, se ha convertido en una ocasión esperada por todos los socios, para pasar un día de convivencia. Para conseguir la miel se desplazan hasta la localidad jandeña de Benalup-Casas Viejas, mientras que la harina procede de una emblemática panadería ubicada en el barrio de la Viña, en el cual se encuentra enclavada la peña.
Los ingredientes básicos para su elaboración son harina, manteca de cerdo, azúcar, aceite de oliva, levadura, matalahúva, sal, anís dulce y miel.
El primer procedimiento consiste en mezclar la harina con la levadura y con la manteca, las cantidades se echan «a ojo», bajo la supervisión de dos de los socios que fueron panaderos. A continuación, se añade el aceite en el que previamente se ha frito la matalahúva para darle sabor. Y se mezcla todo muy bien, utilizando únicamente las manos. Poco a poco se le va añadiendo azúcar, una pizca de sal y un buen chorro de anís. Una vez que la masa ha cogido consistencia y se despega fácilmente de las paredes del lebrillo (recipiente de barro utilizado para su elaboración), se divide en 4 ó 5 partes y cada una se trabaja independientemente sobre la mesa, hasta que el resultado sea una masa fina, sin grumos y maleable. Las diferentes bolas de masa se vuelven a colocar en el lebrillo, para ir trabajándolas de una en una.
La masa se corta «en rebanadas» con un cuchillo, cada una de estas rebanadas se trabaja sobre la mesa para darle una forma cilíndrica y alargada y posteriormente se corta en pequeños trocitos de aproximadamente el mismo tamaño. Cada uno de esos trocitos se trabaja con las manos hasta formar una bola, que se extiende sobre la mesa con un rodillo hasta dejarla lo más fina posible, entonces sólo queda plegar hacia el centro dos de sus laterales opuestos para darle la forma del pestiño. En todo este proceso es importante que la mesa de trabajo esté siempre bien enharinada y el rodillo bien untado de aceite, para que la masa no se pegue. Finalmente, se fríen en abundante aceite caliente hasta que estén dorados y se escurren un poco para despues pasarlos por un recipiente con miel previamente calentada al fuego, para que se «enmelen» bien.
La peña Juanito Villar fue la primera que comenzó a celebrar su «pestiñá», poco después las demás peñas continuaron con su iniciativa y en la actualidad varias asociaciones vecinales se han sumado a la propuesta, escalonándose por tanto a lo largo del período navideño numerosas «pestiñás flamencas».