En la localidad de Campillos existió en el pasado un nutrido grupo de sastres que recibían la clientela de Málaga capital y de la costa malagueña. Estos artesanos locales constituyeron una importante muestra de la relevancia del sector peletero en la provincia de Málaga hasta mediados del siglo XX. El gerente del taller que nos ocupa es hijo de uno de los últimos sastres-peleteros más conocidos de la localidad.

La actividad en la localidad comienza gracias a la labor de una empresa pionera, fundada en el año 1942. Su labor se inicia con la creación de una fábrica de curtido de pieles destinada a la fabricación de artículos de guarnicionería y calzado. Posteriormente, en la década de los setenta, la empresa crea una marca propia que se dedica a la fabricación de prendas de vestir en piel así como complementos. La firma llega a tener en nómina a más de trescientas personas a comienzos de la década de los años noventa. Esta empresa se convierte en un verdadero centro de formación en lo relativo al oficio de curtido de pieles en la localidad malagueña. Poco tiempo después, con la introducción de nuevas tecnologías y maquinaria especializada, se reduce considerablemente el número de personas que trabajan en la misma. Tras estas reducciones algunos de estos trabajadores crean sus propios talleres.

El proceso de trabajo en esta empresa peletera comienza con el diseño de los productos de la firma comercial para, acto seguido, realizar los pedidos mediante el catálogo muestrario. Las pieles hasta la década de los años noventa del siglo XX se compraban de una tenería de Sevilla, tras el cierre de la misma pasan a adquirirse en el levante español. Posteriormente se elaboran los patrones en cartón, se cortan las piezas con las máquinas cortadoras y la troqueladora, así como los forros de cada pieza. Por último se cosen, repasan y se añaden las fornituras. Finalmente la producción se embala para su envío.