Tradicionalmente los trabajos en cuero no destinados al uso de las caballerías se engloban dentro de las labores de talabartería. Durante décadas los talleres de la zona alternaban distintas especialidades, así en las mismas instalaciones se realizaban trabajos de talabartería, albardonería y/o guarnicionería. Tal es el caso del taller y del agente-informante objeto del presente registro.
Dentro de la producción del artesano entrevistado, que se define como talabartero o albardonero, los objetos dedicados a la caza son los que presentan una mayor demanda. Esto es, fundas de escopeta, cananas, fundas para cuchillos de monte, zurrones, botas de montear y camperas, chalecos, zahones y otros complementos decorados con dibujos con incisiones o calados.
Siempre sirviéndose de patrones para marcan o trazar sobre las pieles los contornos de las diferentes piezas que conformarán el objeto a realizar, el artesano procede al corte de las mismas valiéndose de tijeras o cuchillas. Posteriormente, trabaja la piel calándola o repujándola utilizando diversas herramientas