El trabajo de la palma era una actividad artesanal muy extendida por buena parte de la geografía andaluza, debido principalmente a la abundancia de la palma enana, planta de donde se extrae el cogollo, materia prima para la producción de objetos de fibra vegetal.
En la Comarca de la Janda la hoja de la palma, una palmera enana silvestre, tiene forma de abanico plegado y su recolección se efectúa en verano. Una vez recogida se ata formando haces y se extiende para ponerla a secar. En su proceso de transformación textil se hacen «tomizas o tonizas», hojas reliadas en sentido opuesto y vueltas a liar en la misma dirección y empleitas o pleitas cuya labor consiste en un trenzado múltiple al que se van añadiendo hojas a medida que éstas se van terminando. Antaño, en los años 40 y 50 del siglo XX era característico en la comarca encontrarse con alguna «pasera» de cogollos, que a modo de era o llano se extendían las palmas y los cogollos bajo un chozo para su secado. Muchas personas de la zona se dedicaban entonces a ello pues existían compradores que venían sobre todo de Portugal y que pagaban bien en relación a otros ingresos posibles.
Las formas tradicionales realizadas con esta fibra estaban directamente relacionadas con las actividades domésticas o relacionadas con las faenas del campo: cestos destinados a contener y transportar productos, capachas simples, pinceles para encalar, escobas con mango largo de caña, soplillos, sombreros, cestillas para guardar las herramientas, redores, etc. En el ámbito de la cocina eran típicas las «espichitas», que son sardinas ensartadas en pleita que se colgaban a secar en las azoteas. Además, se hacían también forros de palma para las botellas, que permitían conservar fresca el agua o «culeros» para pastores, por sus cualidades impermeables. También se utilizaba la palma para atar las vides.
En la actualidad, debido a la fácil obtención de útiles funcionalmente similares a muy bajo coste, los productos elaborados con la palma han quedado desplazados, aunque su valor ha pasado de ser funcional a ser sentimental o incluso de lujo. No obstante el número de personas que saben hacer artesanía con la palma es muy escaso y normalmente se trata de personas mayores.
En la comarca de la Janda pueden encontrarse una o dos personas por cada localidad que todavía hacen estos trabajos. Destacan Medina Sidonia, Benalup, Vejer y Conil de la Frontera, donde todavía pueden encontrarse a personas realizando estos trabajos a la sombra en sus casapuertas o patios privados. Tradicionalmente, los saberes asociados a los trabajos con palma se han transmitido de generación en generación y de forma ocasional, de maestro a aprendices, Se trata de un oficio artesanal en desaparición, en donde los actuales cesteros no tienen la cestería y el trabajo de la palma por profesión, constituyendo más bien un entretenimiento para los hombres o mujeres que lo realizan durante el día, mientras que los jóvenes se dedican a ello a la caída de la tarde, una vez que han regresado de sus faenas.