La introducción de la vid en el Condado onubense está documentada en el inicio de la repoblación cristiana del municipio de Villalba del Alcor a principios del siglo XIV, aunque es muy probable que culturas anteriores ya cultivaran viñas en esta zona. Este cultivo se extendió rápidamente por otros municipios del antiguo Condado de Niebla y muy pronto su producción de vinos conquistó el mercado de la cercana Sevilla. En el siglo XV estos vinos ya se exportaban a Inglaterra y los Países Bajos a través de los puertos de Palos y Moguer, y muy pronto se convirtieron en «los vinos del Descubrimiento de América», estando documentada una partida de vinos llevada a América en 1502 procedente de Villalba del Alcor.
En 1.962 se crea la Denominación de Origen «Condado de Huelva», que abarca una zona muy amplia situada al sureste de la provincia de Huelva, que se extiende por la llanura del bajo Guadalquivir, desde la divisoria de aguas que marca su afluente, el Guadiamar, hasta la ría del Tinto. Comprende dieciocho municipios de los cuales sólo catorce están dentro de la demarcación Condado-Doñana establecida en el proyecto del Atlas del Patrimonio Inmaterial. No obstante, la zona de crianza y envejecimiento de los vinos amparados por la D.O. incluye sólo los términos de Almonte, Bollullos Par del Condado, Chucena, La Palma del Condado, Manzanilla, Moguer, Rociana del Condado, San Juan del Puerto y Villalba del Alcor.
Entre todos estos municipios destaca Bollullos Par del Condado, tanto por la importancia de la tradición de la producción de vinos, que se refleja en el elevado número de bodegas que aún se conservan (no todas ellas en producción), como por ser sede del Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen de Condado de Huelva» y «Vinagre del Condado de Huelva y de la Casa del Vino, institución dependiente de la misma que pretende promocionar y dar a conocer los caldos de esta comarca.
En una bodega hay tareas que realizar durante todo el año. En el mes de agosto comienza la vendimia de la uva, primero las variedades tintas y más tarde las blancas y dulces. La uva vendimiada llega del campo a media mañana para evitar las horas de calor más intenso, que provocarían el inicio de una fermentación anticipada, y se descarga sobre una tolva de recepción que dispone de un sinfín. El sinfín conduce los racimos hasta una máquina despalilladora-molturadora, que desprende los escobajos de la fruta y la estruja. A través de una bomba se conduce por una tubería la masa de fruta a un depósito de maceración, mientras que los escobajos que ha desprendido la despalilladora son expulsados al patio. La masa permanece en el «macerador» hasta el día siguiente. Desde éste, el mosto de primera se traslada a un «decantador» directamente, y el resto pasa a la prensa neumática, donde la masa es prensada durante 180 minutos. El mosto va cayendo por precipitación sobre una cuba y trasladado a un módulo de frío para bajar la temperatura que el líquido ha adquirido en el proceso de prensado, evitando de esta manera que se inicie la fermentación antes de tiempo. Los mostos son conducidos a depósitos de decantación, donde se mantienen a una temperatura fría controlada para el proceso de «desfangado». Los mostos permanecen en reposo varios días mientras las impurezas suspendidas en el líquido caen por precipitación al fondo de los depósitos. En este proceso los mostos se trasiegan de un depósito a otro hasta cuatro veces, eliminando las impurezas. Por otra parte, el orujo resultante del proceso de prensado se traslada al patio a través de una cinta transportadora. Tras el «desfangado», los mostos limpios son conducidos a través de tuberías a los depósitos de fermentación, donde permanecerán el tiempo necesario hasta que finalice este proceso, que puede durar entre cuarenta y cinco y sesenta días, dependiendo de la temperatura ambiental. Finalmente, los mostos son «puestos en limpio», separando las lías del vino a través de un proceso de centrifugación y filtrado.
Una vez que los caldos han fermentado, los mostos resultantes son sometidos a distintos procesos, de acuerdo con la variedad de uva de la que proceden y de los vinos que se quieran obtener de ellos. Unos pasarán a depósitos de menor tamaño hasta el momento del embotellado o de la mezcla con otros vinos; otros a barricas o depósitos de crianza; y otros al sistema de crianza por añadas.
Tras la finalización de la vendimia, la época de trabajo más intensa, hay que «mover los vinos», preparar vinos, filtrar, llenar los depósitos, embotellar, etcétera.