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Pigafetta: el periodista y antropólogo de la expedición

Todo lo que conocemos sobre esta aventura que cambió el mundo es gracias al trabajo concienzudo de Antonio Pigafetta.

Veneciano de nacimiento, fue uno de los dieciocho afortunados que consiguieron regresar a España. Con él llegaban también sus notas, aquellas en la que nos iba descubriendo el furor con el que soplaba el viento en el océano, el lugar en el que se encuentra la isla donde nunca llueve o cómo, a veces, los peces parecen volar.

La expedición se hace a la mar

20 de Septiembre de 1519

En Sanlúcar terminaron de cargar los barcos con todo lo necesario para la mar, mientras Magallanes ultimaba toda la burocracia y los preparativos de la expedición... incluídas las últimas instrucciones a su tripulación. Un 20 de septiembre de 1519, las cinco naves desplegaron las velas de trinquete y, definitivamente... se hicieron a la mar.

Agua y leña ¡que no falte!

Septiembre de 1519

La primera escala fue Tenerife. Allí fondearon el 26 de agosto para seguir proveyéndose de leña y agua. Pigafetta empieza ya a relatarnos la enorme variedad de especies que iba a ir encontrándose por el mundo. Le vienen a la memoria las leyendas que contaban los romanos sobre un árbol, un ejemplar milagroso que destilaba agua en una isla donde nunca llovía.

UNA DE TEMPORAL, OTRA DE CALMA CHICHA

Octubre-Diciembre de 1519

El 3 de octubre la escuadra, que ya ha puesto rumbo al Sur, pasa por las islas de Cabo Verde y navega rumbo a América. El Océano no se lo pone fácil. Se alternan períodos de una calma exasperante, con otros de fuertes temporales que obligan a mantenerse al pairo y arriar velas. Corre el mes de noviembre y la expedición apenas avanza. Pigafetta va engrosando su crónica. Describe las maravillas que iba viendo durante el viaje: peces con grandes hiladas de dientes llamados tiburones, aves que se alimentan de excrementos ¡y hasta al mismo San Telmo coronando en forma de antorcha el palo mayor!

UN PARAÍSO PORTUGUÉS

Diciembre de 1520

Después de dos meses de difícil travesía por el Atlántico, la flota reconoció el Cabo de San Agustín en Brasil, donde Magallanes no permitió tomar tierra por ser zona portuguesa. Agotados por la intensidad del viaje, dos semanas más tarde la expedición se encuentra ante un paraje idílico: una amplia bahía rodeada de montañas, hermosas islas e indígenas agradecidos. Esta vez, el capitán general dio permiso para desembarcar y al fin pudieron pisar tierra. ¿El paraíso? Río de Janeiro.

SIN SALIDA AL MAR

Enero de 1520

En los primeros días del año 1520 la costa comenzó a girar hacia el Oeste. Magallanes lo tenía claro: por fin estaban entrando en el ansiado estrecho que comunicaría los dos continentes. Pero se equivocó. Ni ese era el paso, ni estaba a punto de alcanzarlo. Tan sólo era un profundo golfo en el que Juan Díaz de Solís había muerto cinco años antes, descuartizado, asado y devorado por los indígenas. El temido Río de la Plata... y no tenía salida al mar.

LARGA, DURA Y FRÍA PATAGONIA

Febrero-Agosto de 1520

Desde el momento en que la flota abandona el Río de la Plata el día 6 de febrero, comienza a adentrarse en territorio desconocido. Jamás había navegado por allí un barco de ninguna parte del mundo, y probablemente era la primera vez que un hombre blanco veía un pingüino. Azotados por el frío de la Patagonia y por un camino que cada vez se hacía más tortuoso, Magallanes decide invernar en un golfo al que llaman Puerto de San Julián. Allí conocerán a los indios patagones y allí Magallanes se enfrentará a un brutal motín: gran parte de la tripulación quiera volver atrás, las condiciones son extremas. Poco después naufraga la nao Santiago mientras exploraba la costa. La flota, finalmente, zarpa en agosto dejando atrás una dura etapa.

PASAMOS AL OTRO LADO (I)

Octubre-Noviembre de 1520

A finales de octubre llegan a una amplia bahía llena de laberintos de canales. El capitán decide enviar a dos naves a reconocer la bahía. Al tercer día las dos naos llegaron con los pabellones al viento, disparando bombardas y gritando de alegría. Habían encontrado lo que buscaban: un estrecho que comunicaba los dos Océanos.

PASAMOS AL OTRO LADO (II)

Octubre-Noviembre de 1520

Pero no lo tuvieron tan fácil. Una vez que se adentraron en él, se encontraron que el paso se dividía en dos canales. Magallanes decide dividir la flota, dos por cada canal. El piloto de la nao San Antonio aprovecha para abandonar y, sin previo aviso, se da la vuelta y se vuelve para España. El resto de la expedición continúa y entra en el Océano Pacífico el 27 de noviembre de 1520 convertida en un grupo de tan sólo tres naves.

Y MAGALLANES LO BAUTIZÓ

Noviembre de 1520-Marzo de 1521

Cuando Magallanes salió del Estrecho, que hoy lleva su nombre, pensaba que estaba navegando por el Océano Índico. No podía imaginar que le quedaba por delante la inmensa extensión del Pacífico. Más de tres meses de terrible y larga travesía, sin ver tierra, bebiendo agua podrida y comiendo bizcocho de mar mezclado con gusanos y regados de orines de ratas. Resultado, la muerte de muchos tripulantes.

LAS ISLAS DE LOS LADRONES

Marzo de 1521

Los vigías al fin gritaron ¡Tierra! Después de siete meses era la primera vez que veían de nuevo a seres humanos. La expedición saltó de alegría… pero el recibimiento no fue tan recíproco. Los indígenas de las islas subieron a las naves a robar todos los pertrechos que encontraron a su paso: cuerdas, vajillas, armas, etc. Las llamaron las Islas de los Ladrones y, tras aprovisionarse y recuperar fuerzas, la dejan atrás.

DONDE MAGALLANES ACABA SU VIAJE

Marzo-Mayo de 1521

Tras recorrer varias islas aisladas llegan a más de mil situadas a poca distancia. Le llamaron Filipinas. Enseguida se dieron cuenta, viendo el oro con el que se adornaban, de que habían llegado a una tierra de enorme riqueza. Fue en la isla de Mactan donde Magallanes, con la intención de ayudar a uno de sus gobernantes, decide luchar contra el otro gobernante de la isla. Así, el 27 de abril de 1521 se enfrenta con tan sólo 49 de sus hombres frente a mil quinientos isleños cargados de lanzas, estacas y piedras. Una flecha envenenada atraviesa la pierna de Magallanes y muere. Así acaba el alma de la expedición… pero no la expedición. El viaje continúa. Después de morir Magallanes, los oficiales y pilotos que siguieron al mando de las naves son invitados a una comida que resulta ser mortal. Una emboscada los mató a todos. Con la mayoría de los jefes desaparecidos, la expedición queda reducida a dos naves. La Concepción tuvo que ser incendiada debido a su mal estado y a la dificultad de manejar tres naos con los pocos hombres que quedaban. Las dos naos, al mando ahora de Espinoza y Elcano, navegaban desolados por las islas con la voluntad férrea de conseguir el objetivo por el que habían embarcado: poner rumbo a las Molucas.

VAGANDO POR LAS ISLAS

Mayo-Noviembre de 1521

En julio la expedición arriba a Borneo, una isla selvática, llena de riquezas y con una gran diversidad de flora y fauna. Es difícil imaginar lo que supuso para aquellos hombres ver por primera vez elefantes, rinocerontes o el dragón de Komodo. La mañana del 29 de julio y debido a un mal entendido hubo una escaramuza entre los españoles y algunos hombres de Borneo que venían de una misión de guerra. Los españoles viéndolos venir armados, y después de la fatal experiencia en Filipinas, pensaron que iban a ser atacados y se enfrentaron a ellos. Se equivocaron, venían en son de paz. Deciden abandonar aquellas tierras y seguir vagando por las islas que encontraban a su paso.

"¡Por fin dimos con el clavo!"

Noviembre-Diciembre de 1521

Por fin, tras más de dos años en su búsqueda, el 8 de noviembre de 1521 se acercan a la isla de Tidore, una de las Islas Molucas. Habían conseguido el fin de su viaje: llegar al único sitio del mundo donde el árbol del clavo produce la exquisita especia tan deseada para los europeos y que se vendía a precio de oro. Allí los recibe el rey, el sultán Almansur, en una canoa dorada y bajo una sombrilla de seda. Con él establecen un intercambio comercial: los españoles ofrecen la mercadería que traían a bordo, espejos, telas, cuchillos, tijeras…todo a cambio de clavo y nuez moscada. Espinosa y Elcano se dan cuenta de que los portugueses se enterarían pronto de su presencia, así que temiendo un ataque deciden partir el 8 de diciembre con los dos navíos repletos, la nao Victoria, capitaneada por Elcano, y la nao Trinidad por Espinosa. Pero nada más zarpar y poner rumbo al sur, los españoles vieron que la Trinidad tenía problemas. Se toma entonces una inesperada decisión: la Victoria parte en ese momento hacia el oeste y la Trinidad debe permanecer allí hasta que sea reparada. Zarparía tres meses después con el rumbo contrario.

PUESTA A PUNTO PARA EL TERCER OCÉANO

Enero-Febrero de 1522

A Timor arribaron antes de empezar la gran travesía a través del Océano Índico para abastecerse y esperar que los vientos les ayudaran a navegar. Es una isla grande, de trescientos kilómetro de longitud, montañosa y volcánica, esperan hasta el 8 de febrero de 1522. Si cuando Elcano y sus hombres zarparon hubieran sabido que les esperaba cinco meses sin pisar tierra, no habrían salido de allí.

¡SOLEDAD INFINITA!

Febrero-Marzo de 1522

El Índico es el océano más desolado y con menos islas de los tres grandes océanos del mundo. Elcano descubrió el Índico sur y una soledad que se hacía infinita. El 18 de marzo alguien gritó ¡Tierra! Pronto comprobaron que era una isla solitaria con tantos acantilados que a los navegantes les fue imposible tomarla.

EL TERRIBLE ENCUENTRO DE DOS OCÉANOS

Marzo de 1522

El Cabo de Buena Esperanza, donde las masas de agua del Atlántico y del Índico luchan como en ninguna otra parte del mundo, la nao Victoria se vio lanzada contra las olas, subida de pronto a la cresta o cabeceando hacia el abismo. Algo que era difícilmente soportable para aquella nave que llevaba sobre ella una singladura terrible, una navegación de dos años y medio por tres océanos diferentes. Su paso costó muchas bajas humanas y el mastelero roto. Fue el suceso más dramático que vivieron los navegantes desde su salida de la isla de Timor.

UN DÍA MENOS

Julio de 1522

El miércoles 9 de julio la Victoria llega a la isla de Cabo Verde. Ha sido un recorrido difícil desde que doblaron el Cabo. Dos meses de navegación sin hacer escala en tierra, con muchas bajas humanas y supervivientes terriblemente agotados y hambrientos. La nave, herida de muerte, hacía agua. Para no tener problemas con los portugueses, debido a que en parte de su viaje habían recalado y recogido especias de territorio perteneciente a la corona portuguesa, Elcano idea una estrategia: cuenta a los habitantes de Cabo Verde que pertenecen a una flota que viene de América y prudentemente sólo fondea frente a la costa sin entrar en puerto. Pero parece ser que alguno de los tripulantes contó que pertenecían a la escuadra de Magallanes. Inmediatamente, Elcano desplegó velas, siendo perseguido por cuatro navíos portugueses a los que consiguió burlar. Fue en Cabo Verde cuando se dieron cuenta que viajando alrededor del mundo, en dirección oeste, se perdía un día.

QUERIDO REY: HEMOS DADO LA VUELTA AL MUNDO

6 de septiembre de 1522

El 6 de septiembre de 1522, tres años después de su partida, la Victoria llega a Sanlúcar de Barrameda. En aquella embarcación ajada, con el velamen hecho jirones y los aparejos podridos, dieciocho hombres regresan de un viaje único, de una aventura en la que habían completado la vuelta al mundo. El valor de las especias que trajeron fue tal que sirvió para pagar los gastos de la expedición sufragados por el Rey e, incluso, generar beneficios. Un enorme negocio que ellos conocían, y que explica los tremendos esfuerzos y peligros a los que se atrevieron a soportar estos dieciocho supervivientes. Entre ellos, Antonio Pigafetta, al que le debemos todo lo que conocemos de la mayor gesta marítima de la Historia.

¡Fin del viaje!